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La motivación

Qué fácil es decir «Voy a ponerme a hacer tal cosa y a hacer de ello un hábito» —ir al gimnasio, ver menos televisión, leer más— y qué difícil reunir la dosis de constancia necesaria para no fallar o, al menos, hacerlo lo menos posible.

Me propuse a principios de año escribir este blog y aquí me veo, sin haber escrito nada nuevo desde el 4 de enero hasta hoy. Me gustaría poner como excusa que he tenido trabajo —y de hecho, lo he tenido—, pero no me ha absorbido tanto como creo, porque han sido proyectos cortos. Así que sí, me merezco un resondrón por mi desidia…

Casualmente hoy, que estaba ya pensando que casi dos semanas sin recibir más que un texto de seis páginas de Word para corregir son motivo suficiente para dar paso al agobio y a la intranquilidad, recibo después de comer cinco flamantes ejemplares del último libro que traduje. Es dinero ya cobrado hace meses, pero me ha subido el ánimo como cuando se añade una cucharada de azúcar a un refresco: subidón… e inmediato bajadón.

La reacción posterior ha sido castigarme sin siesta, sentarme en la mesa del despacho y reestructurar el curriculum, una de las cosas que más coraje me da… ¡prefiero hacer facturas y controlar mi contabilidad, fijaos qué os digo! Ahí me va vuelto a dar un subidón, porque me he encontrado con algunos que nunca me servirían como modelo. Pero no importa, porque de todas maneras tengo que darle esa vuelta al CV; ya han pasado varios años y la experiencia adquirida debe plasmarse en él de otra forma.

Busco consejos y me encuentro con esta fabulosa entrada de Jimena Licitra que leí hace meses, ¡y con segunda parte incluida! ¡Ay, si no fuera por estos «guías espirituales» que una tiene a la mano en la Red…!  Cogido el caballo por las riendas, me pongo a ello. De pronto, me cruzo con otras dos entradas muy motivadoras: la una porque es una especie de mantra; la otra, porque explica el trance por el que todos hemos pasado al terminar la universidad, pero para el que no se nos ocurrió una manera similar de llamar la atención.

Hay que cargar las baterías de la motivación a diario. El otro día escuché en la radio que es mucho mejor buscar trabajo de buena gana que con desánimo, porque el posible empleador percibe ese malestar. A los traductores y correctores no nos ven la cara porque la mayoría de las veces enviamos nuestros curriculums por correo electrónico, pero las cosas bien hechas y una presentación correcta son el espejo de esa motivación, aunque luego no respondan o nos digan que las tarifas son muy altas (!!). Empresas, como los peces, hay millones en el mar.

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Publicado por en 23/02/2012 en Uncategorized

 

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